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Informacion General

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LA CUNA VACIA 
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La cuna vacía habla de la ausencia, de la supresión como una de las 
formas más despiadadas del quiebre de un hogar o de una sociedad.
Su estética narrativa se presenta en tres planos:  
el de la pareja, sin precisión temporal,
el de las madres, que intenta universalizar el dolor y define a la mujer en su carácter más noble de búsqueda de la verdad. 
Y el tercero y más simbólico, el prestidigitador, que intenta ser la justa síntesis del que todo lo puede o del poder en sus máximas expresiones.
 
Con música original de Rodolfo Mederos y Gerardo Gardelín, esta obra de Omar Pacheco, producida por el Grupo Teatro Libre reafirma su coherencia después de la trilogía  “Memoria- Cinco Puertas-Cautiverio” ofrendando un homenaje a todos los que están viviendo a nuestro lado a pesar de su ausencia.
 
30 años buscando la identidad.
 
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Nota Diario Pagina/12

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Radar Libros Cash Turismo Líbero NO Las/12 Futuro M2 Rosario/12 Edición del Sábado/29-Mar-2003

 Viernes, 09 de Junio de 2006                                                                teatro|entrevista a omar pacheco

 

“Alguna gente ya olvidó la lucha”

La cuna vacía, su nueva obra, homenajea a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

  

Según el autor y director, “alguna gente de mi generación olvidó la esencia de la lucha”.

Subnotas

Por Hilda CabreraCreador de un teatro de sugerencias, articulado por acciones fragmentadas de modo cinematográfico, el autor y director Omar Pacheco estrena hoy La cuna vacía, obra en la cual la ausencia y el rol de la mujer que lucha por hacer presente esa ausencia son cuestiones primordiales. La obra alude a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y a todas esas mujeres “que en su dolor universal se proponen transformar la realidad”, según apunta Pacheco, fundador en 1994 de la sala La Otra Orilla (Gral. Urquiza 124), donde junto al Grupo Teatro Libre que lidera desde 1982 ha mostrado sus últimos trabajos, entre otros Cinco puertas, Cautiverio y Del otro lado del mar. Tras una trayectoria iniciada a comienzos de la década del ’70, continuada en Estados Unidos –donde participó de la organización multidisciplinaria Exilio Hoy– y Brasil, logró concretar piezas experimentales y espectáculos de gran despliegue. Ejemplos de esto son Juan y los otros (obra de comienzos de los ’80 que tomaba elementos del teatro de calle); la viajera Sueños y ceremonias, Memoria (pionera de una trilogía) y los musicales Tanguera (2002) y Nativo (2005). Entre los últimos montajes realizados en España se encuentra Díptico sobre la mentira, una coproducción con el Teatro Atalaya, de Sevilla. En cuanto a La cuna vacía, el director dice haber equilibrado texto e imágenes. Ha incluido además muñecos para “completar” las acciones de los intérpretes. “Ellos son el símil de éstos”, sostiene.

Un prestidigitador ordena la historia “desde un lugar brechtiano, de distanciamiento”, en esta estructura a la que ha contribuido con una partitura original el bandoneonista Rodolfo Mederos. La actriz y cantante Liliana Herrero puso su voz en off y la actriz y marionetista Ana Alvarado asesoró al elenco en la manipulación de muñecos, diseñados por Esteban Fernández.

–¿Por qué elige a las mujeres como símbolo de resistencia?

–Porque fueron las Madres y Abuelas las que por un dolor genuino salieron a la calle durante la dictadura, sostuvieron una lucha y la llevaron hasta las últimas instancias.

–¿Y qué pasa en el presente?

–Prefiero no hablar, porque no sé si coincido. Tampoco quiero hurgar en las asociaciones ni en las peleas por el poder. Pienso en esas madres y abuelas que uno siente que no están en la corporación. Charlo con ellas y veo que no se les terminan las pilas. De la relación madre-hijo o padre-hijo, rescato esa zona absolutamente noble que está más allá de las circunstancias sociales y políticas. Después de atravesar unas cuantas separaciones y tener a mis hijos acá y en Estados Unidos, adonde me tuve que ir en los ’70, esa relación es para mí la síntesis de la vida. En La cuna... me interesa reflexionar sobre la ausencia y en el sentido de supresión. Es la búsqueda que hacen las Abuelas del hijo o hija de los propios que no están. Y esto sin juzgar el comportamiento del pibe que, cuando conoce su identidad, prefiere no saber quién es realmente. Cuando uno se encuentra en un medio adverso, con gente dispuesta a traicionarnos, esa búsqueda se convierte en el referente que nos falta.

–¿Cuesta sostener hoy un ideario del pasado?

–Yo militaba y quería cambiar el mundo de una manera radical. Ahora tengo militancia en el trabajo. Alguna gente de mi generación que hoy ocupa lugares de poder olvidó la esencia de la lucha. Me pregunto quién de los que tuve a mi lado podría ser ahora mi referente.

–¿Cree que se idealiza el pasado?

–Uno necesita aferrarse a las personas y las cosas que todavía cree que son verdaderas, aunque esas personas no estén en el mismo bando. Uno que se dice progresista, por ejemplo, se encuentra de pronto con otro supuestamente progresista que lo traiciona. Por eso decidí achicar mi expectativa, plantearme solamente aquello que está a mi alcance: sostener el Grupo Teatro Libre, la sala La Otra Orilla y mostrarme tal cual soy. Ambiciono, sí, dejar de perder plata alguna vez con este tipo de teatro, al que uno le pone la pasión de un adolescente. Es muy lindo trabajar con amigos. En La cuna..., los tengo a Liliana, Rodolfo, Gerardo Gardelín, Colacho Brizuela... todos tan talentosos acompañando la tensión de los actores que “circulan sobre la luz”.

–¿Una particularidad que mantiene?

–No pienso modificar mi concepto sobre la luz: me siento un pintor recortando la luz con su pincel.

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Nota Diario La Prensa

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SE PRESENTARA SU OBRA EN EL CENTRO DE LA COOPERACION AL CUMPLIRSE TREINTA AÑOS DEL GOLPE MILITAR

Omar Pacheco dirige "La cuna vacía"

Con su grupo Teatro Libre con el que festeja veinticuatro años de trayectoria estrena hoy la pieza que refiere a la mujer como protagonista de la historia y en la que aúna un original universo de teatro, iluminación, imágenes y títeres.

  
 

Omar Pacheco frente al conflicto universal de los desaparecidos.

Al terminar uno de los ensayos generales con público que el director Omar Pacheco hizo de su obra "La cuna vacía" que estrenará hoy, a las 20, en el Centro de la Cooperación (Corrientes al 1500), los espectadores quedan "shockeados" y en absoluto silencio, después aplaudirá con ganas.
El espectáculo se presenta invitado por la entidad que nuclea a las cooperativas, al cumplirse el treinta aniversario del golpe militar en nuestro país y se lo define como una pieza que ""habla de la ausencia, de la supresión como una de las formas más despiadas del quiebre de un hogar o de una sociedad"".
El director que con su grupo cumplen veinticuatro años de trayectoria, señaló a La Prensa, que la pieza se desarrolla en tres niveles. ""El primero es el de una pareja, luego está el de las madres que intentan universalizar el dolor y define a la mujer en su carácter más noble de búsqueda de la verdad y por último aparece la figura de un prestigitador, que intenta ser una síntesis de la representación del poder. A esto se debe añadir que además de actores, simultáneamente la historia es contada a través de títeres"".
De Omar Pacheco se conoció últimamente "Del otro lado del mar" que hizo con su grupo, "Tanguera" -con la que emprenderá una gira por Hamburgo y otras ciudades de Alemania- y "Nativo".

UNA ESTETICA UNICA
Con una estética única y muy original que se apoya en escenas breves casi cinematográficas, su estilo apela a la sucesión y superposición simultánea de imágenes, a las que en "La cuna vacía" se le suman el texto como elemento narrativo. Incluso la letra de la canción principal cantada por Liliana Herrero, permite hacer evolucionar la trama hacia otros espacios de significación.
""Con "La cuna vacía" cierro una etapa de revisión del pasado. En el presente siento que apelo a un estilo distinto, como sucede en "Del otro lado del mar" en la que aparecen otras sutilezas y no tanto dolor, como en mis anteriores espectáculos"", define el director.
""Un cambio que también sucede en esta nueva pieza es que conté con el apoyo de Ana Alvarado (El Periférico de Objetos) para incluir títeres que van contando lo que sucede con ese grupo familiar. Es muy bello verlos porque aportan su propia poética expresiva y transmiten la sensación de que estuvieran en otra dimensión"".
-¿Cuál es la función que cumplen los títeres?
-Subrayan cierto aspecto íntimo de la trama, mientras que los actores muestran la universalidad de la mujer en la búsqueda de ese hijo, marido o hermano desaparecidos. Ya no ubico como un único símbolo a la mujer argentina ante la represión y la dictadura. Empleo música islámica y también cierto perfume a tango rioplatense que aporta el bandoneón y la música de Rodolfo Mederos y Gerardo Gardelín. Mientras Colacho Brizuela le puso música a un texto que canta Liliana Herrero.

EL HOMBRE AUSENTE
-¿Amplió su mirada hacia el conflicto de la pérdida que también se vive en las guerras recientes?
-Siento que mi vida cambió y mi mirada se posa en otro lugar. En "La cuna vacía" hay una historia que intenta hacerse universal. Mi generación provocó una ruptura, rompió moldes. Teníamos una postura que si conocíamos una chica y los dos estábamos de acuerdo nos íbamos a vivir juntos y eso a veces no era muy bien aceptado por los padres. En la pieza aparece el deseo de una madre de ver a su hija vestida de novia. Luego ella la va a buscar y la ve embarazada y entiende que la chica intenta un proyecto propio. Cuando regresa y no la encuentra toma conciencia de la desaparición de esa generación, porque no sólo pierde a su hija, también a su nieto. Simultáneamente y sucesivamente aparece un prestigitador que hace evolucionar la narración.
-¿Para usted el hombre está prácticamente ausente, es la mujer la que lucha?
-Existe una lucha de resistencia por parte de la mujer y no del hombre. En su momento me pareció un acto de nobleza y de amor muy profundo lo que han hecho las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo. Nunca vi a un hombre que caminara con ellas por la plaza acompañándolas.
-¿Cree que es uno de sus trabajos menos herméticos?
-Me gustaría que al espectador le quede una sensación de esperanza. Le deje algo positivo a la gente, la capacidad de seguir resistiendo con felicidad para poder reencontrarnos.
Juan Carlos Fontana

Copyright La Prensa 1996-2006

 

Critica Diario La Prensa

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"LA CUNA VACIA" ES UNA EXCELENTE PROPUESTA ESCENICA POTENCIADA POR IMAGENES
Homenaje a los que no están

 

Ficha técnica:
"La cuna vacía" de Omar Pacheco. Dirección e iluminación: Omar Pacheco. Música original: Rodolfo Mederos. Composición, arreglo de cuerdas y canto: Colacho Brizuela y Liliana Herrero. Vestuario: Romina Azzigotti. Escenografía: Orlando Ortiz y Darío Ramallo. Actores: Fernando Blanco, Carolina Gighliazza, Romina Lugano, Enrique Lardo, Silvia Facal, Luis Ortellado, Romina Azzigotti y Fernando González. Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543).

 

  
 La alquimia de una tragedia universal en un espectáculo de intensa poética.
Las obras de Omar Pacheco son el resultado de un interesante ensamblado entre la imagen y la iluminación. El suyo en un teatro único en Buenos Aires, no hay quién trabaje de esa manera en la actualidad. Sus obras refieren al llamado "teatro de imagen", que aparece en la escena local en la década de 1980 y se extiende al presente. A esto hay que sumarle la potencia de esas pequeñas secuencias, de contenido minimalista que van enhebrando una trama, que a lo largo de más de diez años, han referido siempre al tema de los derechos humanos. A este contenido en los últimos años le ha sumado, para bien, un nuevo buceo en el campo de la investigación plástica y el humor.
Con "La cuna vacía" el grupo Teatro Libre que lidera desde hace veinticuatro años Omar Pacheco se hace un homenaje, como precisa el mismo director ""a los que no están pero nos siguen acompañando diariamente"", a los desaparecidos, al cumplirse treinta años del golpe militar en nuestro país.

CONTEXTO UNIVERSAL
Pero la pieza no sólo refiere a lo sucedido en este lado del continente, amplia su mirada hacia un contexto universal. Por eso esa mujer joven, su pareja y el hijo que desaparecen, o esa madre que toma conciencia de lo ocurrido cuando sus seres queridos ya no están, no sólo aparecen en el espectáculo como un "patrimonio" nuestro. También se extiende a los desaparecidos en Irak, en Serbia, en Africa.
"La cuna vacía" es un trabajo que apela al no olvido, a la memoria, la identidad y abre una mirada hacia el futuro. Es un homenaje a las madres del mundo, de Malvinas, las mujeres de Kosovo, las esposas de los desaparecidos o asesinados en Medio Oriente, en los Estados Unidos.
En la sala del Centro Cultural de la Cooperación, con la platea ubicada frente al espacio escénico a modo de tribuna escalonada, "La cuna vacía" se recibe como una "catarata" de imágenes desprendidas del inconsciente colectivo, que refieren a la violencia, el abandono, el crimen, el sometimiento, el dolor, la pérdida y la ausencia.

CURIOSO PRESTIGITADOR
Un prestigitador es el hilo conductor de esta trama que se divide en mínimas secuencias, a veces tan solo enfocadas a través de un destello de luz. Ese enigmático y por momentos diabólico personaje va recorriendo una serie de instancias en las que también puede verse un teatrillo de títeres, que va narrando simultáneamente y en pequeño formato, lo que sucede a lo largo del espectáculo
Los personajes de la pieza invitan al espectador a hilvanar sus recuerdos y observar múltiples influencias, entre las más conocidas que parece sugerir esta vorágine de imágenes, refieren a algunos de los personajes de Federico García Lorca, a su "Yerma" o "Bodas de sangre" y también a la obra pictórica del artista alemán Edward Münch y su obra "El grito". Esos elementos coinciden en una estética expresionista que ejerce en el espectador una extraña fascinación. "La cuna vacía" es un excelente trabajo escénico. Un espectáculo casi mágico, de un realismo poético vibrante en el que su director intenta contarnos una parte de la historia de la humanidad y lo hace a través de un lenguaje complejo y a la vez directo que para bien y para mal, toca fibras muy íntimas de la memoria del espectador.

Juan Carlos Fontana

Copyright La Prensa 1996-2006
 

 

 
 
 
  
 

 

La Prensa Digital - All rights reserved - Una publicación de La Prensa, fundada el 18 de Octubre de 1869

 

Critica Revista Escena Literaria

Función presenciada en fecha:10/06/06
 
 
BELLAMENTE CONMOVEDORA

“La cuna vacía” es una obra de Omar Pacheco y presentada por el Grupo Teatro Libre.

En este segundo párrafo correspondería contar el argumento de la obra que vamos a comentar. Es imposible. “La cuna vacía” es una obra que se vive, no se la puede narrar. Tratándose de una vivencia en su plenitud y, por lo tanto, se vive desde lo emocional, desde los sentimientos.
Podemos decir que habla sobre la ausencia. Tal vez, podríamos llevarla a una ausencia puntual:
la de los chicos robados durante la última dictadura militar. Y estaría muy bien, pero va más allá. Y entonces, se convierte en todas las ausencias. Se logra poner en escena la abstracción conceptual a través de la belleza de la escena viva.
Esto se logra con la conjunción armónica y precisa de muchos elementos.
El primero a tener en cuenta es la actuación de todo el grupo de actrices y actores excelentes, encabezado por Fernando Blanco, que crea el personaje del “prestidigitador”: el que maneja todos los hilos del poder.
La utilización del espacio es fundamental en esta puesta. Se trabaja con dos enormes rampas en plano
inclinado -hacia los costados- dejando un pasillo central a suelo y en una plataforma elevada -hacia el fondo del escenario y que lo abarca en toda su anchura-. Esta disposición es muy importante en cuanto al desarrollo de las escenas y la lectura que se puede hacer de ellas según el lugar donde se produzcan o en que lugares se repetirá la escena. Se juega permanentemente con la idea de fragmentación en todos los planos. A punto tal que hay un pequeño retablo a la derecha del escenario, donde los muñecos reproducen escenas de los actores. Pero tan bien trabajados que en un primer instante se piensa que son actores bajo algún efecto lumínico.
El diseño lumínico es fundamental. Hay un trabajo de creación de imágenes perfectas que serían imposibles
sin una puesta de luces acorde a la idea.
La música original de “La cuna vacía” es de Rodolfo Mederos y de Gerardo Gardelín e interpreta la canción
que lleva el mismo nombre que la obra, la cantante Liliana Herrero.
“La cuna vacía” es una obra bellísima, no se puede pensar esta obra sin revivir la belleza de lo que se ha visto
en escena. Trasunta un tema profundamente doloroso: hay demasiados ausentes en nuestras vidas, en nuestra historia. Pero también hay artistas que abordan ese dolor desde la más plena belleza y esto nos lleva a sentir que “...Se están abriendo las ventanas. Y hay pájaros volando...”
 ADRIANA GONZÁLEZ 

Critica Revista Mundo Teatral

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572 visitas07/06/2006  
Omar Pacheco y otro alarde de rara belleza
 
 
 
  
 Por Rómulo Berruti // Cronista
 
   
 Comentario de la obra La cuna vacía, realizado por Rómulo Berruti. 
 
 Al frente del grupo Teatro Libre, Omar Pacheco cultiva formas escénicas muy personales donde mandan la imagen y el sonido, con prescindencia del texto según su concepción tradicional. Todo su arte está esculpido en la penumbra y tiene una sustancia onírica muy pronunciada, además de opinar a través de lo alegórico. En La cuna vacía el tema es la ausencia más lacerante, la del hijo. Y en este caso puntual, alude a las desapariciones y secuestros de gobierno militar. Como en la muy reciente Del otro lado del mar –que llegó luego del tríptico Memoria-Cinco puertas-Cautiverio- la masa negra de un escenario ausente por completo de luz es perforada de pronto por imágenes súbitas, cuadros, composiciones plásticas de nítida inspiración litúrgica. Máscaras, rostros pintados, cuerpos inmóviles, velas, un recipiente con líquido amniótico y un aporte musical que fusiona un algo de los coros gregorianos con efectos de macabra sonoridad, surgen y desaparecen en planos próximos o tan remotos que parecen ilusiorios. La oscuridad posibilita con su ausencia de fronteras visibles una tan extraña como angustiante sensación de apariciones flotando en el vacío. Aunque quedan establecidas tres zonas de incidencia que ocupan una pareja, las madres desoladas y un prestidigitador despiadado, La cuna vacía es un todo, otro auto sacramental, un nuevo altar de sacrificios donde el dolor edifica un raro y hermoso hecho artístico. Los trucos de Pacheco y su equipo son de ejecución perfecta –no falta el baúl sin fondo de donde sale gente y despojos de gente- y en este espectáculo en especial los muñecos que clonan a los intérpretes consiguen borrar los límites de lo real: parecen liliputienses, seres mirados en un telescopio al revés.

El grado de compromiso o distanciamiento que cada espectador experimente es muy difícil de establecer. Mucho más cerca del rito atávico que del teatro pensado y pensante, dialéctico y testimonial, sin lazos convencionales tendidos hacia la platea desde el discurso, el grupo Teatro Libre se dirige hacia nuestro mundo interno. Ese escenario del inconciente donde tantas pulsiones se codifican una y otra vez con claves indescifrables desde el pánico a la verdad. La cuna vacía vuelve a convocar ceremoniales muy remotos. Y aunque la atmósfera de profunda caja negra que se obtenía en la sala La otra orilla es más dificultosa en el Centro de la Cooperación (a mayor tamaño menos misterio) la convocatoria una vez más, vale la pena.
 
 
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Critica Revista EN

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*Nota por Sebastián Kirzner – sebakis@gmail.com
*Fotografías gentileza de prensa
El retorno de la multiplicidad de elecciones teatrales no deja de sorprender, cada vez son más los espectáculos y los teatros que abren en Buenos Aires. Algunas opciones interesantes para ver, como siempre, desde diversos puntos de partida.  De la inexpresividad con la palabra viajemos hacia la expresividad de la forma. “La cuna vacía (se están abriendo las ventanas)” del grupo “Teatro Libre”, bajo la dirección constante de Omar Pacheco. A 30 años del golpe militar, este grupo presenta una obra maravillosa, de catarsis en base a la puesta en escena. "La cuna vacía" habla de la ausencia, de la supresión como una de las formas más despiadadas del quiebre de un hogar o de una sociedad. Su estética narrativa se presenta en tres planos: el de la pareja, sin precisión temporal; el de las madres, que intentan universalizar el dolor y define a la mujer en su carácter más noble de búsqueda de la verdad; y el tercero y más simbólico, el del prestidigitador, que intenta ser la justa síntesis del que todo lo puede o del poder en sus máximas expresiones.Una puesta que realmente “funciona”, la obra comienza con un escenario, vacío y negro, con humo en la sala, y así termina, el mundo que se va desarrollando, se produce bajo la guía constante de un hilo de luz. Con música de Rodolfo Mederos y otros colaboradores -entre los que se encuentra Liliana Herrero-, esta obra toca el tema de la expropiación de niños, el secuestro y la desaparición de personas bajo el último gobierno militar. Y realmente, lo hace de una forma tan bella en estética, pero tan desgarradora en verdad, que cuando la última de las luces se apague, no les será tan fácil levantarse de sus asientos. Obra: La Cuna Vacia
Dirección: Omar Pacheco
Elenco: Fernando Blanco, Romina Lugano, Enrique Lardo, Fernanda Gonzales
Lugar: Centro Cultural de la Cooperación / Corrientes 1543
Funciones: Viernes y Sabados 20hs

 

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:: www.revistaen.com.ar :: 2005-2006 :: Año 2 - Número 8:: Agosto 2006 :: Todos los derechos reservados - Permitida su reproducción total o parcial siempre que se cite la fuente ::.
 
 

 

 

Critica Revista Imaginacion Atrapada

 

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“La Cuna Vacía”: A través de la ventana, veo pájaros volando

por Diego Braude jbraude@ciudad.com.ar

Idea, guión, diseño de luces y dirección: Omar Pacheco Intérpretes: Mariana Agüero, Romina Azzigotti, Fernando Blanco, Maria Julia Cimarosti, Malena Colella, Mario di Nicola, Silvia Facal, Carolina Gighliazza, Fernanda Gonzáles, Enrique Lardo, Jorge Leonardi, Romina Lugano, Juliana Mazza, Luis Ortellado, Victoria Pedrozo, Magali Sammarco Diseño de vestuario: Romina Azzigotti Diseño sonoro: Vicente Graziano Realización escenográfica: Orlando Ortiz, Dario Ramallo Realización de vestuario: Romina Azzigotti Realización de títeres: Esteban Fernández Música original: Rodolfo Mederos Operación de luces: Adrián Chait Operación de sonido: Hernán Troche Diseño de títeres: Esteban Fernández Fotografía: Antonio Fernández Asistencia de dirección: Silvia Facal Arreglos: Colacho Brizuela. Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543, Teléfono: 5077-8000 Web: http://www.cculturalcoop.org.ar Entrada: $15,00 - Viernes y Sábados - 20:00 hs

"El día que nos vayamos de aquí, y nos encontremos con los seis millones de asesinados, nos preguntarán qué hicimos. Unos dirán: Yo construí casas. Otros dirán: Yo fui joyero. Yo les diré: Yo... no os olvidé.”
                                                                                                   Simon Wiesenthal

"No hay deuda que no se pague
ni plazo que no se cumpla"
                                           Dicho popular

Una “gestación irracional”, eliminar la procreación del elemento subversivo y asegurar los valores de la Nación…

“Es también nuestra intención erradicar la corrupción, ofreciendo como norma la honestidad, la idoneidad y la eficiencia.”(1)

 

En algún lugar del ser humano, existe la oscuridad. De ella, a veces emerge la pesadilla que se convierte en realidad. En otra oscuridad, la de una sala, en el ritual teatral, la memoria de la pesadilla se convierte en imagen arquetípica.

“El 24 de marzo próximo pasado, los hombres de armas iniciamos este largo y difícil camino, y estamos –como dije– dispuestos a transitarlo con firmeza. Por eso sólo requerimos en estos primeros momentos, comprensión.”(2)

En esa pesadilla puede aparecer una voz, no única pero genérica, que justifica la pesadilla como necesaria. El Poder. En la sala, el Poder se presenta como el maestro de un juego siniestro, anfitrión y operador. Único portador visible de parlamento, omnipresente portador de la capacidad de manipulación. Personaje, sin embargo, de una obra que, evidentemente, lo excede (en última instancia, incluso él está siendo observado en el escenario).

“Habiendo comprensión, es posible que podamos concretar hechos reales, y es en función de esos hechos que recién podremos pedir adhesión. Adhesión, no a las personas sino a los hechos concretos en tanto y en cuanto estos hechos signifiquen los hitos de aproximación hacia el objetivo final.”(3)

En la oscuridad de la memoria persiste el recuerdo, la imagen que se repite y se transforma, que en ningún momento logra encontrar una explicación racional. Un pecho amamanta una boca que ya no está ahí, un gesto se transforma en una mueca incontrolable de dolor y horror… una y otra vez…

El Poder se multiplica en los gestos mínimos, queda inscripto en lugares impensables, de sus protagonistas y de sus sujetos. El Poder inscribe, describe, escribe, cuerpos y espíritus.

“Por cierto, que la adhesión impone como reciprocidad la participación y, a medida que logremos adhesión a los hechos, podremos ir dando gradualmente participación"(4)

El niño que fue fantasma, fue adolescente, hoy sería hombre o mujer. La arena que se escurre de pechos desnudos como un tiempo indetenible en contra del recuerdo, queda en un cuenco de memoria, en una sala oscura que retiene no necesariamente el hecho, sí la esencia de la cicatriz inolvidable de un cuerpo social.

“la preferencia por un sistema basado en la acción directa de órganos autorizados por la autoridad instaurada no dejó margen para la investigación de los hechos delictivos con arreglo a la ley”(5)

La deconstrucción de un cuerpo, indefectiblemente, construye otro. El cuerpo dibujado en una pesadilla es un cuerpo incompleto, deforme, fragmentado, ciego. Es necesario, por ende, forzar los ojos a abrirse, el cuerpo a completarse, físicamente, simbólicamente.

"Cabe consignar que si bien la sustracción principia con el desapoderamiento del titular de la tenencia del menor o con el impedimento de la reanudación, se prolonga volviendo permanente el delito con la retención u ocultación, y justamente con esta última el delito se agota, más allá de su anterior consumación, pues en dicha etapa el autor ha logrado la ulterior finalidad, cual es usurpar la voluntad del tenedor..."(6)

La multiplicidad en la sala oscura, el recuerdo en sus formas que vuelven, que retornan sin rostros identificables; una voz omnipresente de mujer, que sigue llamando, oficia de guía y resistencia al maestro del juego.

Desenmascaramiento del artificio, de la manipulación, del poder que se vuelve minúscula. No cesa de existir, pero, simplemente, contra su propia pretensión, no es eterno.

La historia que se cuenta en la sala es tragedia ramificada. Es un grito con eco hacia un infinito, pero también, cuando la pesadilla, en una de sus formas, se va convirtiendo en aprehensible y el maestro del juego ya, durante esos instantes, no escribe más las reglas, una luz tenue que entra por una ventana inexistente le quita los velos del duelo mudo e ilumina finalmente la cuna vacía… Como en la sala oscura, donde la luz de la platea es la única indicación del final de la función, los actores no salen a saludar (fiel a su tradición), porque la obra/la memoria no comienza ni termina en el escenario.

www.imaginacionatrapada.com.ar
9/6/2006